Llegamos a la cárcel de Marcos Paz. Vamos a visitar a seis presos. Campesinos paraguayos. Trabajadores de la tierra. Presos en la Argentina. Una sociedad no debe jamás ignorar sus cárceles. No como se hacía antes: se los mandaba a Ushuaia, la Siberia argentina. Para olvidarlos allá y ya está. Rasgo de una sociedad sobona y violenta.Entramos al salón de visitas con sus paredes desnudas. Ni cuadros ni flores. Bueno, no exageremos, Blumberg no lo hubiera permitido. La espera siempre melancólica: presos. Sabemos lo que es eso. Entran seis paraguayos, humildes, hijos de la tierra. Gente de campo, de los que plantan semillas, cabalgan distancias, ordeñan lo que siembran. Para lo cual deben inclinar la espalda en la Edad Media eterna. Pero éstos no. Seis paraguayos que luchan para que la tierra sea de los que trabajan o de la acción mancomunada de la cooperativa. En Paraguay, que siempre lleva el signo de Stroessner. Ahora seguridad de Duarte Frutos y Bush. La mescolanza que da la seguridad de que nada va a cambiar. El agua, ahora, como antes el oro y el petróleo. El agua, señores, hay que asegurar su futuro. Y los fuertes asegurarse el agua de los débiles dependientes. Bush, republicano. La palabra república ya cambió de significado desde aquél de la Revolución Francesa.
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