24 enero 2006

Aguafuertes porteñas

A partir del año 1928 Roberto Arlt escribe una columna en el periódico El Mundo. Una serie de artículos de estilo costumbristas son leídos por miles de personas todos los días.
Los lectores interpelan por medio de cartas o llamados telefónicos y así lo convierten en el periodista estrella de su época.
Al leerlo, muchas veces me acuerdo de tipos como Alejandro Dolina, del lunfardo, de lo simple. Un artículo decía así:
La traición en el tango
Me habla una lectora por teléfono:
- Usted debería escribir una nota sobre la traición en las letras de tango. La mujer resulta siempre la engañadora. y esto no es posible. Debemos defendernos. Es decir por una mujer que falte a su deber, hay noventa y nueve hombres que hacen los mismo.
Traición es cansancio y aburrimiento de los palos. Así nació la traición en el tango: servicio que un vago le presta a otro para que retorne la tránsfuga, harta de desayunarse con cachetadas. El pueblo repite los malos versos.
Mientras escribo se me ocurre esta reflexión. Esas mujeres mantienen a sus vagos, siempre que estos le suministren una paliza razonable. De manera que el asunto de la traición no es una cuestión de música como podría creerse a simple vista, sino de la administración de palizas. aunque ya lo dice el refrán: Todo exceso es malo.
4 de diciembre de 1930.