23 junio 2006

UN AMOR DIFERENTE

Cuando a veces me preguntan: ¿Por qué trabajas en esto?
¿Cómo podes?
Yo simplemente me río y digo: - Me gusta.
Pero el cuento es mas largo que eso.
Tenía dieciseis años y veraneaba en Villa Gesell con mi familia. Una tarde de siesta, jugando a la paleta en la calle con mi primo Julián, se nos va una pelotita al lado de unos flacos mas grandes, que estaban cerca jugando a los mismo.
Yo muy canchera grito: ¡Pelota! y nada, mas canchera grito:
¡Ball! y nada.
Muy temperamental voy y le golpeo la espalda a uno y le digo:
-Flaco te pedí la pelotita. ¿ Sos sordo que no escuchas?
Y él con una sonrisa que derretiría al mismísimo Perito Moreno, me dijo:
- Si soy sordo.
Me puse roja incandescente y me deshice en disculpas.
Él, un caballero me invitó a salir.
Todo el verano fuimos inseparables, yo lo llevé a escuchar música, le hablé de las vibraciones, del pulso, del ritmo.
Horacio me enseñó a observar lo que antes yo no veía, a guiarme por lo que el cuerpo dice cuando las palabras no salen.
Fuimos compinches mucho tiempo, nos encontrábamos en la esquina de Reconquista y Perón todos los mediodías cuando él se reunía con sus compañeros del banco a hablar en lenguaje de señas. Nos cagábamos de la risa a morir...
Fue así, como alguien tan especial, cambió mi vida y mi destino.
Y por una pelotita...¡Quién diría!



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