28 octubre 2006

ARTE Y DISCAPACIDAD por Alan Curtis

Arte y Discapacidad: el valor de la diferencia.
Un inquietante y profundo interrogante nos asalta al abordar este tema: ¿Qué puede aportarnos el arte de personas con “discapacidad”? Para comenzar a contestar esta pregunta necesitamos sumergirnos en los basamentos sociales tanto de la discapacidad como de la actividad artística para vislumbrar lo que subyace en ellos.En primera instancia debemos señalar que la “normalidad” no es una característica inmutable e innata del hombre sino un concepto fabricado socialmente y que presenta variaciones en las distintas sociedades y épocas. Con esto queremos significar que se trata de un proceso de construcción de sentido que en las sociedades modernas está vinculado principalmente a una constatación estadística de lo que le sucede a la mayoría de la población. A su vez, el concepto de “discapacidad” se construye por oposición al de “normalidad” y varía en tanto éste sufra algún cambio. Ahora bien la noción de “normalidad”, si bien genera una simplificación homologadora que resulta operativa en términos prácticos, pasa por alto un punto importante y es que los seres humanos –discapacitados o no- somos por naturaleza todos distintos. Aquí hay un punto interesante a señalar: las diferencias entre las personas son precisamente las que enriquecen todo proceso social trascendiendo toda clasificación. Por eso en esencia, no puede existir en la sociedad una persona más “normal” que otra. La relevancia que este punto tiene para el arte es fundamental, porque si todos los artistas son distintos precisamente la peculiaridad de la visión de cada artista es lo que hace que se valore su obra. Si aceptamos esto, sería difícil aplicar una noción de competitividad en el arte, ya que si todos los artistas son intrínsecamente distintos ¿bajo qué patrones podrían competir? Valorar la diferencia entonces debería ser un postulado básico de nuestra sociedad pero lamentablemente pese a todo tipo de declamaciones, la diferencia sigue discriminada y subvaluada. De allí la importancia que tiene el arte como campo de valoración de las diferencias, y esto se basa en que la actividad artística es de por sí un terreno en el que no se puede aplicar una noción lineal de progreso. Con esto queremos significar que el verdadero objetivo del arte no radica en construir sistemas cada vez más complejos sino de orientar la labor artística hacia la verdadera expresión del “ser” en la obra. El arte es una de las pocas áreas de nuestras sociedades materialistas que, pese a todo se resiste a ser cuantificado, objetivado y medido; y pese a que el ‘establishment’ ha fagocitado gran parte del circuito artístico, en su esencia la manifestación artística continua siendo imprevisible y fundacional. En arte lo más complejo, técnicamente hablando, no es necesariamente lo mejor y por eso las obras de los artistas con discapacidad son tan absolutamente válidas como las de cualquier otro autor, ya que finalmente todos los artistas se hallan solos ante su obra para expresar su ser más profundo y la supuesta ‘normalidad’ de un artista no resulta de ninguna manera una ventaja en esta instancia. Retomando nuestra pregunta inicial, las obras de los artistas con discapacidad nos brindan el punto de vista único de individuos únicos, y por tanto deben ser apreciadas como las de cualquier otra persona. Pero además nos ofrecen la particular perspectiva de seres que luchan y han luchado por años contra, tal vez los peores enemigos de la humanidad: el odio y la hipocresía. Por eso su aporte es de un valor incalculable en una sociedad en crisis como la nuestra, donde la “normalidad” -por desgracia- parece estar más cerca de la discriminación que de la verdadera integración.

* Alan Courtis es Lic. en Ciencias de la Comunicación, profesor de Música para personas con discapacidad en la Fundación Cherry Breitman y Asociación Argentina de Síndrome de Williams y coordinador del Taller de Música de la Fundación Artistas Discapacitados en la UBA.