29 octubre 2006

LABERINTO



Por Mauricio Runno.


Demasiada música que se parece demasiado a sí misma: basta enfrentar MTV un par de horas, basta escuchar una radio. El rock ya no sabe si es Carlitos Tévez con la cumbia. Los nocheros con sus giras stones o Intoxicados, el nuevo hazmerreír que se pretende gracioso ( el límite entre ser un hazmerreír y gracioso es leve, pero aún distinguible).
A los 55 años Sting sigue tomando riesgos artísticos y enfrenta la música como una hazaña en la que no escatima aventura, pasión y talento. Y lejos de hacer un disco parecido a sus mejores discos, o de intentar una versión remozada de sus asegurados y contundentes éxitos, se anima a incursionar por el sonido del laúd, para dejar colgada la guitarra en el ropero del pasado.
El nuevo disco del inglés se llama "Canciones desde el laberinto" y se trata de un paseo elegante, delicado y sutil por el Renacimiento, música compuesta por en el siglo XVI por John Dowland.
Comenta el ex Police: "Para mi son canciones pop escritas entre los siglos XVI y XVII, y así las abordó. Tienen melodías maravillosas, letras fantásticas, acompañamientos extraordinarios. Espero poder aportarles ciertas frescuras". Dowland es uno de los maestros del renacimiento inglés, con el cual Sting dialoga desde la admiración y la curiosidad.
Hace un tiempo el músico recibió como regalo un laúd y pronto comenzó a investigar su sonido. Llegó hasta los espécialistas exactos, en Bosnia, y junto a Karamazov, recrea canciones de profunda belleza.. Incluso se mostró interesado por el dibujo de un laberinto que aparecía en la caja de resonancia del instrumento, una réplica del de la Catedral de Chartres. El cuenta que "este laberinto, que también da nombre al disco, se convertido en una especie de obsesión para mien los últimos años, al punto que hice que construyeran uno en mi jardín en Inglaterra: medía más de doce metros de diámetro y salía a pasear por él todos los días".
Dicen que el rock vive en el corazón. Tal vez es cierto. A algunos se le sube a la cabeza y a otros le baja a los pies. En el tobogán de los días confusos Sting mantiene, bien en alto, el swing de un artista con aristas. Para cuadrados ya tenemos a miles vociferando en la feria de las vanidades.



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